De tu casa a la mía
hay charcos y muros
que-yo-sal-toa-le-gre-men-te
De tu casa a la mía
sin temer a la lluvia,
ni al viento
De repente... me paro,
estoy empapada
me mengua el aliento
La lluvia, oh la lluvia,
me atrapa sin tregua
en-tre-tu-ca-sa-y-la-mí-a
____ _____ _____ _____ _____ _____
Creo que la mujer del cuadro está mirando a través de una ventana, esperando la llegada de alguien. Con esta idea bien podría valer el siguiente paisaje:
Mientras me pongo a escribir, arrimo algo más a estas magníficas creaciones de pintura y poesía:
hay charcos y muros
que-yo-sal-toa-le-gre-men-te
De tu casa a la mía
sin temer a la lluvia,
ni al viento
De repente... me paro,
estoy empapada
me mengua el aliento
La lluvia, oh la lluvia,
me atrapa sin tregua
en-tre-tu-ca-sa-y-la-mí-a
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Creo que la mujer del cuadro está mirando a través de una ventana, esperando la llegada de alguien. Con esta idea bien podría valer el siguiente paisaje:
Desde la carretera se puede ver el camino. Bordea un riachuelo y atraviesa un prado donde pasta el ganado.
Cuando dejas de oír los coches y parece como si te hubieras perdido, como si estuvieras sólo en el mundo. Entonces es cuando dudas de que aquel camino lleve a alguna parte.
Sin embargo, en tu interior oyes: aguanta, no te rindas!, si lo haces nunca sabrás qué te espera al final.
Y sigues.
Quizás se te ha concedido lo que tanto ansiabas. Al fin el aire del camino te está llevando a donde nadie podrá encontrarte.
El rumor de las olas anuncia la playa. Al fondo, una casa de pescadores, pequeña, blanca. Ropa tendida.
Sale humo de la chimenea.
Ella, la mujer del cuadro está allí, asomada a la ventana.
Pinta y te espera. Escribe y te espera.
Corre. Vuela. Aprovecha el empuje del aire. Es levante, que todo lo limpia. Ahí nadie podrá encontrarte.
Nunca más estarás solo, está ella. La mujer del cuadro.
Mientras me pongo a escribir, arrimo algo más a estas magníficas creaciones de pintura y poesía:
